¿Qué Significará “Atar” o Desatar”?

¿Qué Significará “Atar” o Desatar”?
Domingo XXIII del T.O.
Por: M. Jesús Laveda. I.S. Vita et Pax. Guatemala

 

Textos Litúrgicos:

Ez 33, 7-9
Sal 94
Rom 13, 8-10
Mt 18, 15-20

¿Qué Significará “Atar” o Desatar”?

Ya el profeta Jeremías hace referencia a la responsabilidad personal en cuanto a la corrección fraterna y el acompañar al hermano/a en la búsqueda del bien.

Jesús, en el evangelio de Mateo, también nos propone la corrección fraterna. Pero va un poco más allá. Tenemos una responsabilidad mutua entre nosotros/as de hacernos ver si estamos equivocadas en el camino del bien. Nos pide que “amonestemos al hermano/a”, pero que lo hagamos a solas, para no dejar en evidencia a quien hizo el mal. Si no hace caso, volver a amonestar, pero en presencia de varios testigos. Y si sigue sin hacer caso, llamar a la comunidad. Y hasta ahí llega nuestra responsabilidad. Luego, hay que, desde la propia libertad humana, dejar a cada uno que elija su propio destino.

Interesante que Jesús concrete en la comunidad el espacio del bien común.

El pecado es todo aquello que va en contra del proyecto de D**s, que tiene que ver con la fraternidad, la sororidad. Es la ofensa al hermano/a lo que “ofende a D**s”, porque a D**s no puede rozarle nuestro pecado, pero sí el daño que hacemos a alguno de sus hijos e hijas.

Después de muchos siglos, el tema del perdón, por aquello que hacemos mal, ha quedado reducido a manifestarlo, no a la comunidad cristiana de la que formamos parte, sino al que la representa: el sacerdote. Y así lo hemos hecho. Pero si somos honestos/as y ahondamos en la experiencia del perdón, tendremos que admitir que nos resulta más fácil confesar nuestro pecado y pedir perdón por ello al sacerdote, que pedir perdón al hermano/a al que hemos dañado, agredido, maltratado, hablado mal de él/ella, dañando su dignidad. También por haber roto la armonía de la comunidad al generar daño a unos de sus miembros.

Decimos, D**s lo ve y sabe todo. Él me ha perdonado. Pero ¿y aquél/aquella a la que hemos hecho el daño, nos ha perdonado? No lo puede hacer, porque no le hemos pedido su perdón por nuestra mala acción.

“Lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo”

Dice Jesús: “Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo”

¿Qué significará “atar” o desatar”?  Reflexionar el texto me hace pensar que está referido a que, si no hemos reconocido ante el hermano ofendido, o ante los testigos, o finalmente ante la comunidad nuestro pecado, y pedido perdón por ello, D**s tampoco lo puede liberar.  Queda “atado”, no se produce la liberación de entre quienes se han dañado.  Pero si somos capaces de pedir perdón a quien hemos ofendido, el perdón produce liberación, abrazo, sororidad, rompe, “desata” el nudo de la opresión que genera el mal. Y D** también abraza.

Luego, podrá venir el gesto ante la comunidad y su representante…

 ¿No tendría que ir por ahí el sacramento que llamamos de la reconciliación, también de la alegría?  Tenemos que repensar nuestros gestos, nuestros ritos litúrgicos que tienen que dar sentido a lo que quieren expresar. Muchos de los signos que seguimos manteniendo, no responden a nuestra experiencia de D**s hoy. Hay que volver al evangelio y al D**s que nos da a conocer Jesús y que sigue soñando su proyecto de comunidad de iguales, hijos e hijas suyos.

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