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Amadeo de Saboya, el rey italiano de España: amante chantajista y un intento de asesinato
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EL BREVE TRONO DE SOBRESALTOS

Amadeo de Saboya, el rey italiano de España: amante chantajista y un intento de asesinato

Este sábado 11 de febrero se cumplen 150 años de la renuncia al trono español de Amadeo I de Saboya, el príncipe italiano que reinó en España entre 1871 y 1873

Foto: Amadeo de Saboya, pintado por Carlos Luis de Ribera y Fieve (1871).
Amadeo de Saboya, pintado por Carlos Luis de Ribera y Fieve (1871).

Este sábado 11 de febrero se cumplen 150 años de la renuncia al trono español de Amadeo I de Saboya, el príncipe italiano que reinó en España entre 1871 y 1873, dos años tras los que se fue horrorizado por el que calificó como “un país altamente perturbado”. “De España, ni el polvo”, se ha llegado a asegurar que dijo cuando se sacudió las botas antes de cruzar en tren la frontera con Portugal.

Ciertamente, Amadeo I de Saboya no lo tuvo fácil en nuestro país. España vivía momentos políticos muy convulsos.

Foto: Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia celebraron su boda el 31 de mayo de 1906. (Imagen de archivo)

Tras la revolución conocida como la Gloriosa, orquestada en 1868 por generales y civiles que derrocaron a la reina Isabel II y a la la monarquía borbónica, el trono español había quedado vacante.

placeholder Amadeo de Saboya. (Dominio público)
Amadeo de Saboya. (Dominio público)

Amadeo I de Saboya era hijo del rey Víctor Manuel de Italia y Adelaida de Habsburgo. Poseía la valentía y la seriedad del soldado, así como unos exquisitos modales (por los que se ganó el apodo del Rey Caballero). Fue el candidato propuesto (tras varios intentos fallidos con otros que rechazaron ocupar el trono español) por el general Prim, que presidía el Gobierno.

Ni esa valentía fue suficiente para sortear todas las zancadillas que le pusieron a Amadeo de Saboya durante su reinado en España, ni esa caballerosidad salió a relucir con una de sus amantes más conocidas: Adela Larra Wetoret, hija del escritor Mariano José de Larra.

El nuevo rey llegó a la estación madrileña de Mediodía el 2 de enero de 1871. Lo hizo solo, sin la compañía de su esposa, Victoria dal Pozzo, que acababa de dar a luz, ni de sus dos hijos. Victoria viajaría meses más tarde para reunirse con su marido.

El panorama político y social era desolador. El que había sido el valedor del nuevo monarca, Prim, había sido asesinado tres días antes de su llegada. Amadeo comenzaba su reinado rindiendo honores al difunto en la basílica de Atocha, consolando a la viuda y sin ningún aliado a su favor.

Se encontró con unas Cortes absolutamente divididas y enfrentadas, una economía maltrecha y un pueblo que lo veía como un extranjero. No ayudó su poco manejo con el idioma español, por lo que fue ridiculizado con el mote de Macarroni.

Cuando Victoria dal Pozzo llegó a Madrid, ya era conocedora de los escarceos amororos de su marido en la capital española. Pero hubo una amante que tuvo un relevante peso durante su reinado. Se trataba de Adela Larra Wetoret, hija del escritor Mariano José de Larra. Ella fue la que, con cuatro años, descubrió el cadáver de su padre cuando este se suicidó de un tiro.

placeholder Adela Larra. (Dominio Público)
Adela Larra. (Dominio Público)

Amadeo de Saboya tenía 26 años cuando llegó a España. Adela, diez más: 36. El cuñado de esta era médico de la corte y fue gracias a este vínculo entre su familia y la monarquía como ella y el rey se conocieron.

Adela resultó ser un gran apoyo emocional para Amadeo en un momento en el que el vacío que se le hacía en la corte era evidente.

El rey compaginaba su vida marital con sus realciones extramatrimoniales. En Madrid nació su tercer hijo, Luis Amadeo, en enero de 1873.

Mientras, la tensión política iba en aumento y la violencia latente que existía en torno a Amadeo I de Saboya también. La tercera guerra carlista (impulsada por quienes estaban en contra del carácter liberal del nuevo rey) estaba a punto de estallar, la aristocracia lo detestaba y lo mismo la Iglesia y el sector republicano.

Todo estalló cuando Amadeo y su esposa sufrieron un intento de asesinato. Ocurrió el 10 de julio de 1872 en la calle Arenal. El carruaje de la pareja, que se dirigía al Retiro, fue interceptado por una decena de personas que dispararon contra ellos. Por suerte, ni Amadeo de Saboya ni Victoria resultaron heridos. Lejos de abandonar rápidamente el lugar, algo que aconsejaron con gran nerviosismo las personas que conformaban su séquito, los dos se quedaron y mostraron interés por los heridos. Al día siguiente, como muestra de valentía, volvieron a realizar el mismo recorrido, en una calesa descubierta, y visitaron el lugar de los hechos. Con este gesto ganó muchos puntos entre la población.

Tras el susto, Victoria dal Pozzo se trasladó a El Escorial con sus hijos.

Amadeo tenía más vía libre para disfrutar de la compañía de Adela Larra. Pero esta vida paralela a su matrimonio terminó cuando el rey realizó un viaje a Santander. La prensa más sensacionalista destapó un nuevo escarceo amoroso, esta vez con la esposa del corresponsal de 'The Times', que veraneaba en la localidad, algo que a Adela Larra le hizo enloquecer de celos. Amenazó con hacer públicas en el periódico ‘El Imparcial’ las cartas de amor que le había enviado Amadeo a lo largo de su relación, y este se vio obligado a enviar a un intermediario para que comprara las misivas a cambio de una gran cantidad de dinero. Adela se negó a aceptar el trato y el emisario del rey no vaciló en colocar el cañón de una pistola en su sien para hacerle cambiar de opinión.

A principios de 1873, la situación política no mejoraba para Amadeo I de Saboya. Cansado de remar a contracorriente, el 11 de febrero redactó su carta de renuncia en la Embajada italiana. Ese mismo día fue proclamada la I República en España.

Este sábado 11 de febrero se cumplen 150 años de la renuncia al trono español de Amadeo I de Saboya, el príncipe italiano que reinó en España entre 1871 y 1873, dos años tras los que se fue horrorizado por el que calificó como “un país altamente perturbado”. “De España, ni el polvo”, se ha llegado a asegurar que dijo cuando se sacudió las botas antes de cruzar en tren la frontera con Portugal.

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