La mesa servida: platos, sal y mantel

Cada uno de estos elementos tiene, aparte de su primer valor significativo, otros usos y combinaciones que resulta interesante conocer.

La mesa servida: platos, sal y mantel
La mesa servida: platos, sal y mantel

Al preparar una mesa para comer, verificamos que no falten elementos esenciales: platos, sal para los alimentos y, básicamente, mantel.

Cada uno de estos elementos tiene, aparte de su primer valor significativo, otros usos y combinaciones que resulta interesante conocer. En primer lugar, hablamos de una ‘mesa’ y no nos quedamos con la definición que nos la ubica como un mueble; tenemos una segunda acepción, que llama así, en las asambleas políticas, colegios electorales y otras corporaciones, al conjunto de personas que las dirigen: “Ante la inminencia de las elecciones, son diarias las reuniones de las mesas partidarias”. En el ámbito del relieve, es sinónimo de “terreno elevado y llano, de gran extensión, rodeado de valles o barrancos”: “Veíamos, desde el micro de la excursión, una amplia mesa con abundante vegetación”. El vocablo ‘meseta’ es, etimológicamente, “pequeña mesa”.

En nuestra vida cotidiana, la ‘mesa’ es la comida o alimento que cada día ingiere una persona. En relación con ello, se denomina ‘buena mesa’ a la comida y bebida selectas: “Son amantes de la buena mesa”. Por el contrario, ‘mesa de milanos’ es aquella en que siempre falta comida: “Siempre tienen hambre porque tienen una mesa de milanos”.

Nos agradan algunas locuciones formadas con el término: cuando se disfruta de comida y alojamiento gratuitos se usa la locución adverbial ‘a mesa y mantel’; si se invita a alguien a que acompañe a comer, se señala esta acción con la locución ‘dar alguien la mesa a otra persona’. Otras expresiones análogas son ‘dejar a alguien debajo de la mesa’, que indica que se empieza a comer sin esperar a que llegue esa persona; ‘estar alguien a mesa y mantel de otra persona’ indica que se come con ella y a su costa.

En relación con el rito diario de preparar todo para almorzar o cenar, existen las locuciones ‘poner la mesa’, para señalar que se la cubre con manteles y que se ponen sobre ella los utensilios destinados a comer; lo contrario es ‘quitar/recoger la mesa’; ‘sentarse alguien a la mesa’ significa sentarse para comer y ‘servir la mesa’ es asistir a los comensales, con el reparto de comidas y bebidas.

Y cuando nos referimos a ‘plato’, no vamos a aludir al recipiente sino a sus valores connotativos y a las frases y locuciones que encontramos con el término: se le llama ‘plato’ al alimento servido en ese recipiente, como en “Es un plato exquisito de la comida francesa”; también, la cantidad contenida en él: “Se ha comido dos platos sin interrupción”.

En lenguaje connotativo, un plato puede ser el tema de murmuración: “La inflación y las elecciones son el plato del día”. Y al hablar de ‘plato fuerte’ no nos referimos exclusivamente al plato principal de una comida, sino que, coloquialmente, puede ser, en una serie de asuntos, aquel que se considera más importante”: “El plato fuerte de la discusión es su plan de gobierno”.

Si decimos que dos o más personas ‘comen en un mismo plato’, no aludimos a que van sacando comida de la misma fuente, sino a que tienen entre sí gran confianza. Lenguaje connotativo hallamos también en ‘no haber quebrado (alguien) un plato’ y en ‘pagar los platos rotos’: la explicación para el primero es que la persona a la que se hace alusión da la impresión de no haber cometido ninguna falta; la segunda, coloquialmente muy usada, indica que alguien es castigado injustamente por un hecho que no ha cometido o del que no es el único culpable.

Si afirmo que alguien ‘no es plato de mi gusto’ querré significar que no me resulta grato: “Esa persona no es plato de mi gusto”; por otro lado, si digo que alguien es ‘plato de segunda mesa’, habré significado que es ignorado, postergado o desconsiderado: “¡Pobre, se siente muy mal porque siempre es plato de segunda mesa!”.

La RAE eligió como “palabra del día”, el 18 de junio pasado, ‘pasaplatos’ , ventanilla, generalmente en la pared de una cocina, para pasar platos y utensilios a una habitación contigua.

Indispensable resulta, para una comida sabrosa, la colocación de aderezos y, básicamente, de ‘sal’: denotativamente, sabemos qué nombra este sustantivo; pero, connotativamente, lo usamos para designar “agudeza, donaire, en el habla”, además de “garbo, gracia, gentileza en los ademanes”: “De inmediato, ella era la sal de la reunión”. Se puede decir también ‘salero’ y, de las personas con esa propiedad, se dice que son ‘salerosas’.

En relación con esa acepción, se encuentra la locución ‘con su sal y su pimienta’, que connota que alguien procede con cierto donaire y gracia picante: “Ese humorista tiene éxito ante el público porque siempre actúa con su sal y su pimienta”. Además, coloquialmente, puede indicar que se procede con malignidad, con la intención de zaherir y mortificar o que se realiza algo con trabajo y con dificultad: “Fue ofensivo y me mortificó con su sal y su pimienta”. “No le fue fácil llevar a cabo su obra, a pesar de operar con su sal y su pimienta”.

Cuando se dice de algo que “se hizo/se volvió sal y agua”, se quiere indicar que se disipó, se redujo a nada y, dicho de bienes y riquezas, significa que se consumieron totalmente y en breve tiempo. Tres locuciones relacionan la sal con los recursos materiales: ‘no alcanzar la sal al agua’ (faltar los recursos para el mantenimiento); ‘sal quiere el huevo’ (un negocio está cerca de llegar a su perfección) y ‘poner (a alguien) sal en la mollera’ (hacer que la persona tenga juicio por medio del escarmiento).

Y luego de haber ‘estado de manteles largos’, porque hemos tenido convidados a nuestra mesa, nos iremos y ‘levantaremos el mantel/los manteles’ para dar por terminada la comida. Lo hacemos reflexionando acerca de la triste verdad que encierran estas dos paremias: ‘Amigo de mesa y mantel, no fíes de él’ y ‘A mantel puesto, tendrás amigos ciento, no de tu trato sino de tu plato’.

*La autora es profesora consulta de la UNCuyo

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