Concierto de Año Nuevo en Viena: una derrota de la IA y dos oportunidades perdidas

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La Filarmónica de Viena bajo la batuta de Christian Thielemann, durante la presentación previa del Concierto de Año Nuevo 2024 en la Sala Dorada del Musikverein de Viena.

La Filarmónica de Viena bajo la batuta de Christian Thielemann, durante la presentación previa del Concierto de Año Nuevo 2024 en la Sala Dorada del Musikverein de Viena.

EFE/Filarmónica de Viena/Dieter Nagl

Christian Thielemann ha elevado los corazones en el Concierto de Año Nuevo en Viena con una interpretación del famoso Danubio azul de Johann Strauss que quedará para el recuerdo por su extraordinario lirismo y por ese emocionante tempo de vals arrastrado que raras veces se ha alcanzado desde el podio del Musikverein. Un hermoso Danubio que supone una derrota en toda regla de la Inteligencia Artificial en el campo artístico y que en el Musikverein de la capital austriaca ha hablado por sí solo del dolor de las almas en un convulso mundo en guerra..., pues justamente el maestro alemán ha evitado en su discurso final desear un mundo en paz y hablar del conflicto en Ucrania o la masacre en Gaza. A tan solo 600 kilómetros de Ucrania, el concierto vienés ha sonado más a burbuja que nunca.

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"Este programa deja el espacio necesario para que cada cual saque sus conclusiones: es variado, melancólico y divertido... o quizás no tanto", apuntó al desear en nombre de la Orquesta Filarmónica de Viena un feliz Año Nuevo.

"Este programa deja el espacio necesario para que cada cual saque sus conclusiones", acertó a decir Thielemann en su discurso de felicitación del Nuevo Año

La capacidad de crear un ambiente onírico en esa esperada propina del concierto contrastaba con la marcialidad con la que Thielemann ha servido la mayoría de polcas y marchas del programa. Eso sí, con un rigor y una precisión marca de la fabulosa orquesta vienesa, ¡menuda máquina humana! Muy bella por ejemplo la Nueva polca Pizzicato de Johann Strauss o la polca-mazurka de Eduard Strauss El manantial de la montaña con la que la orquesta aprovechaba para simpatizar con el medioambiente y anunciar que ha donado 100.000 euros a la Asociación Alpina de Austria... 

No obstante, ha tenido un lugar de honor Anton Bruckner en ocasión de su bicentenario. La orquesta y Thielemann, auténtico especialista en el compositor vienés del romanticismo, acordaron ofrecer por primera vez una de sus obras, la Quadrille para piano a cuatro manos en La mayor WAB 121, que hizo olvidar  por un momento esa realidad paralela en la parece vivir la Filarmónica de Viena al felicitar el año nuevo con músicas del siglo XIX que en su mayor parte llevan tintes militares.

El Ballet de la Ópera Estatal de Viena durante el Concierto de Año Nuevo

El Ballet de la Ópera Estatal de Viena durante el Concierto de Año Nuevo

ORF/Thomas Jantzen

Música exquisita pero de espaldas a la realidad, como demuestra la otra ocasión perdida de la Filarmónica de Viena: de cara a la celebración de 2025 ha vuelto a ignorar la ausencia total de mujeres en este podio y ha anunciado la presencia de Riccardo Muti. Será ya la sexta ocasión en que el maestro italiano sube a este podio, por lo que no habrá sorpresas en la cita más tradicional y conservadora del año. Y aunque habrá cumplido los 86 se espera que siga en plena forma. 

Los 55 millones de espectadores que han seguido en Europa a través de televisión esta producción de ORF habrán podido valorar también la propuesta dancística del Ballet de la Ópera Estatal de Viena, con los solistas Ketevan Papava y Eno Peçi haciendo de Sissi y el emperador Francisco José en el Vals de Ischl, de Johann Strauss hijo. Una perspectiva un tanto freudiana si se tiene en cuenta que el ballet se había rodado en Bad Ischl, lugar en el que se conoció la mítica pareja imperial y que fue a la vez residencia de verano del compositor durante muchos años: allí, donde compuso una parte considerable de sus obras, lucía ahora la Papava/Sissi un vestido de luto de la figurinista austriaca Susanne Bisovsky...

El Ballet de la Ópera de Viena en una de las piezas del Concierto de Año Nuevo

Ketevan Papava en su papel de Sissi 

Las coreografías del italiano Davide Bombana hicieron añorar la calidad orgánica que logró en esta cita en los años de la pandemia el cartaginés José Carlos Martínez, ex etoile del Ballet de la Ópera de París y en estos momentos su director. Bombana le resta lirismo al baile pero ni siquiera en favor de la exactitud marcial de un ballet clásico.  Los diseños de Bisovsky apuntalaron una idea de hombres salidos del cabaret germano de hace un siglo y mujeres, más inocentes, que parecían deambular por la campiña decimonónica. Todo en su sitio. En el de las nuevas tradiciones de género.

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