Tordesillas, Valladolid.— El toro Pelado escapó ayer a las lanzas de Tordesillas. Por primera vez en 45 años, una de las fiestas más polémicas de España prohibió el ensartamiento del animal. A pesar de ello, se repitieron los habituales enfrentamientos entre activistas y defensores de la tradición.

A primera hora de la mañana del martes, centenares de jóvenes de Tordesillas, localidad de Valladolid, continuaban la fiesta que habían iniciado un día antes.

Tras la noche grande de las fiestas de la Virgen de la Peña, seguían de celebración, con vasos de vino en la mano, gafas de sol y el tradicional bastón del pueblo.

En columnas cruzaron el puente del río Duero y llegaron al prado en que a las 11:00 horas debía soltarse a Pelado. En ese campo esperaban ya los militantes de grupos defensores de los derechos de los animales, que habían ido a certificar que se cumpliese la resolución de la Junta de Castilla y León que desde este año impide matar al toro en público. Varios jóvenes del pueblo, ebrios y furiosos por la prohibición, agredieron a los activistas, a los que golpearon con garrotes hasta que la Guardia Civil intervino y separó a los dos grupos.

Fue el único momento en el que explotó la violencia en una mañana llena de tensión. Antes del encierro, una manifestación que reunía a buena parte de los 9 mil habitantes del pueblo reivindicó la fiesta del Toro de la Vega, que este año pasa a llamarse Toro de la Peña porque la mayoría de tordesillanos opina que, sin sacrificio del animal, esta tradición medieval no es la misma.

“Tordesillas no se rinde” y “Libertad, libertad de la fiesta popular” cantaron los manifestantes. Muchos también insultaron y amenazaron a los periodistas y volvieron a intentar atacar a la cincuentena de activistas, mientras que en los altavoces se escuchaban las tradicionales jotas castellanas que cantaban la belleza poética del encierro.

Pelado fue desenjaulado a las 11:00 en punto. Cruzó por el puente y entró en el campo, donde lo esperaba un centenar de hombres a caballo. Cuando apareció el toro, algunos todavía especulaban sobre la posibilidad de que alguien se atreviera a violar la prohibición y matara al animal, pese a que enfrentaría una pena de cárcel. Sin embargo, la Guardia Civil impidió que los asistentes ingresaran con lanzas en el prado; sólo se permitieron picas.

Hasta 2015, las reglas de la justa determinaban que la única posibilidad de sobrevivir del toro era cruzar la extensa vega sin que ningún mozo lo ensartara. El morlaco casi nunca lo lograba: a los pocos minutos era rodeado por las lanzas y la fiesta terminaba rápido. Este año, la prohibición de sangre alargó el evento una hora.

Una gran tormenta se unió a la fiesta y convirtió el polvo en lodo. Tras cargar varias veces contra la multitud y los caballos, Pelado volvió sobre sus pasos, se atrincheró en el puente e impidió que los asistentes regresaran al pueblo durante 20 minutos, bajo un fuerte aguacero. Después de más carreras y embestidas, a las 12:08 estalló el cohete que dio por terminada la justa.

Tordesillas ha convertido su fiesta en un símbolo de resistencia. El ayuntamiento asegura que agotará los recursos jurídicos para recuperar el alanceamiento del animal.

Mientras tanto, Pelado fue reconducido a su corral y, como marca la ley, murió sacrificado pero lejos de los ojos del público.

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