Algunos estudios apuntan que hasta el 38% de los maltratadores reinciden.

Algunos estudios apuntan que hasta el 38% de los maltratadores reinciden. Diseño: Arte EE / iStock

Salud

Así es el perfil del agresor machista reincidente: culpabiliza a la mujer y no quiere cambiar

Los condenados por violencia de género son de los reclusos con más probabilidad de repetir su mismo delito. 

25 enero, 2023 02:47

Enero se ha coronado como un corolario de un diciembre nefasto para la violencia de género: en 24 días ha habido seis asesinatos. La alarma es doble: la mitad de los asesinos ya habían sido condenados con anterioridad por violencia machista. No hay cifras concluyentes sobre la frecuencia con que los agresores reinciden, pero la coincidencia en el tiempo de estos crímenes pone en evidencia los esfuerzos de reinserción.

Los estudios realizados apuntan que el 6,8% de los agresores reinciden en un plazo de cinco años, aunque hay trabajos que elevan la cifra hasta el 21%, incluso el 35% cuando la información procede de la víctima.

El perfil del agresor reincidente es similar al de aquel reinsertado, pero las características que los unen "están mucho más internalizadas", explica la psicóloga sanitaria y forense Timanfaya Hernández. "Puede que haya otros factores de personalidad que haga que mantengan esas características, como la resistencia al cambio, la dificultad para comunicarse o para cambiar de visión sobre cómo debe ser la dinámica de una relación".

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Todo empieza con la necesidad de tener el control, "de tener el poder sobre la otra persona. Cuando se pierde el poder, agredimos". La distorsión de las ideas sobre cómo debe ser una relación de pareja, cómo debe de comportarse esa otra persona, qué se entiende con los celos influyen, como también lo hace el entorno, que las personas que rodean al agresor refuerzan o rechazan el comportamiento.

Son varios los trabajos que han puesto sobre la mesa las características del condenado por violencia de género que reincide. Comparados con el resto de los internados en prisiones tienen una alta probabilidad de reincidir en el mismo tipo de delito: 41,6%, un porcentaje mucho mayor que el de aquellas personas condenadas por falsedades, homicidio o lesiones (excluyendo, claro, las agresiones machistas), según un informe del Ministerio del Interior presentado el pasado septiembre.

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Otro documento reciente, publicado por el Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada de la Generalitat de Cataluña, profundiza en las características del reincidente por violencia de género.

En general, suelen ser españoles, sin historial de desajustes en la infancia ni problemas familiares actuales. Tampoco pertenecen a grupos sociales vulnerables ni abusan de las drogas, con la excepción del alcohol. Sin embargo, muestran problemas de impulsividad e inestabilidad emocional.

En comparación con los otros reclusos reincidentes, han comenzado su carrera delictiva a una edad más avanzada, suelen adaptarse mejor a las instituciones penitenciarias (es decir, que no se meten en problemas en la prisión) y, sobre todo, tardan mucho más tiempo en cometer un nuevo delito: mientras que la mayoría reinciden antes de los dos años, los condenados por violencia de género lo hacen casi seis años después.

Los que reinciden más de una vez presentan, además, dificultades para adherirse al tratamiento rehabilitador, un bajo reconocimiento de sus propios delitos y, sobre todo, la tendencia de culpabilizar a la víctima.

Programas de intervención

Hay dos puntos sobre los que este informe llamaba la atención. El primero es la baja eficacia de las estrategias de intervención en estos reclusos, que pueden llegar a ser contraproducentes: se dan más casos de reincidencia entre los que las siguieron que entre los que no. El segundo es la percepción equivocada del riesgo, pues son hombres que muestran la conducta menos conflictiva de entre los reclusos.

Otros estudios han intentado profundizar en los factores que predicen una futura reincidencia. Un estudio liderado por Marisol Lila, de la Universidad de Valencia, hizo un seguimiento de 393 hombres –con sentencias menores a dos años y sin antecedentes delictivos– que participaron por mandato judicial en programas de intervención para agresores.

El 15% de los hombres reincidieron durante el siguiente lustro. El porcentaje fue menor entre los aquellos que llegaron a completar el programa, del 7,63%. De entre los reincidentes, el 90% había cometido el delito antes de los dos años.

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Los investigadores habían preparado un panel de 89 variables que podían predecir un nuevo crimen machista. Buscaban desde factores sociodemográficos, como la edad, el nivel de ingresos o la educación, hasta la exposición a la violencia familiar, la presencia de trastornos mentales o la atribución de responsabilidad de sus actos.

Sin embargo, solo seis de estas variables mostraron capacidad predictiva. La principal fue el abandono del programa de intervención: aquellos que lo hicieron tenían el doble de posibilidades de volver a agredir a su pareja que aquellos que lo completaron.

Tener tendencias violentas hacia otras personas más allá de la pareja era otro factor esencial, al igual que la exposición a violencia familiar en la infancia. Ser inmigrante también correlacionaba positivamente con la posibilidad de un nuevo delito, al igual que la vivencia de eventos estresantes (como tener problemas con el empleo) o tener la ira como rasgo marcado de personalidad.

"La mayoría de los programas de intervención psicológica con agresores son grupales", comenta Hernández. "Se trabaja mucho el concepto de relación, de los valores que subyacen a ser un hombre o una mujer, a qué es el amor".

La psicóloga apunta, no obstante, que "a veces no se llega a todo, los programas grupales son fantásticos y absolutamente necesarios, pero son indispensables las terapias a nivel individual para trabajar sobre las variables", indica, reconociendo que este tipo de programas "están un poco de lado".

Actitudes sexistas y autoestima

Un trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Extremadura profundizaba en las dimensiones cognitivas y sociales de los reincidentes. Comparando 57 agresores con otros 45 no reincidentes, observaron que los primeros presentaba pensamientos distorsionados sobre la mujer, tanto que aumentaban la probabilidad de reincidencia un 51,5%.

En cambio, también solían tener un número menor de actitudes sexistas "con un componente abiertamente hostil". Sin embargo, los investigadores apuntaban la posibilidad de que fuera así porque los reincidentes hubieran pasado previamente por programas de intervención para cambiar estas actitudes.

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Había otro aspecto esencial que remarcaba el trabajo, realizado en 2019: la autoestima del agresor. A mayor autoestima del condenado por violencia de género, menor probabilidad de reincidir. "La violencia aparece como compensación a la autoestima del agresor, puesto que intenta vencer sus frustraciones recurriendo a la violencia como medio para conseguir una estima que no logra de otra forma", apuntaba.

Para Timanfaya Hernández, el aspecto crucial para combatir la violencia de género es estructural: "No podemos prevenir si no hacemos verdaderos esfuerzos en la educación". Esfuerzos que se han ido realizando con el paso del tiempo pero que necesitan redoblarse en un entorno en que hay muchas más formas de control de la pareja que antes.

"Seguimos hablando poco sobre cómo querer, seguimos mitificando mucho una relación ideal, la posesión, los celos", lamenta la psicóloga, que recuerda que, aunque hay que trabajar con los agresores, pues "es la única forma de asegurarnos de que no hay reincidencia", el objetivo prioritario "siempre tiene que ser la víctima".