Los bajos salarios empujan a los jóvenes a hacinarse en pisos

G. ARCE / Burgos
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Un joven necesita, al menos, 400 euros más al mes que el SMI (1.080) para solo plantearse la compra de un piso. La habitación en alquiler es hoy la única alternativa económica

Cristina López comparte piso con otras tres chicas - Foto: Valdivielso

La negociación en torno a la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) queda años luz de las aspiraciones de un joven burgalés que quiera emanciparse. Solo la compra de una vivienda, el paso más trascendente para su independencia personal, requiere de un salario mensual de, al menos, 400 euros por encima del SMI del que habla la vicepresidenta Yolanda Díaz, es decir, superior a los 1.400 euros. Es una cifra muy alejada de los apenas 1.023 euros de media que se estima que percibe un trabajador entre los 16 y los 30 años en Burgos.

Es normal que muchos de ellos convivan con sus padres obligados por las circunstancias económicas y laborales, y que nuestra sociedad haya normalizado la proliferación de los hogares atascados de adultos: con hijos superando los 30 años y al alza. 

Mientras las familias envejecen juntas, para los jóvenes se cierra la posibilidad de emanciparse en tiempo y forma y con solvencia, retrasando la creación de familias y dejando en muchos casos como imposible el poder tener hijos. Los balances de natalidad son claro reflejo de esta crisis silenciosa...

El último Observatorio de Emancipación de Castilla y León, impulsado desde el Consejo de la Juventud, pone números a esta cruda y compleja realidad. De entrada, estima en 1.463,54 euros los ingresos mínimos netos que tendría que percibir un joven burgalés para adquirir con garantías, solvencia y sin sobreendeudarse una vivienda libre en la ciudad, cuyo precio medio se sitúa en 116.130 euros.

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