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      En Recoleta, una nueva confitería ubicada en uno de los edificios históricos más lindos del barrio

      • Ofrece pastelería de alto nivel, almuerzos y en breve inaugurarán una cava y servirán cenas.
      • Deslumbra por sus escaleras de roble, sus arañas francesas y sus mármoles restaurados.

      En Recoleta, una nueva confitería ubicada en uno de los edificios históricos más lindos del barrioAmayta abrió luego de casi dos años de refacciones.

      Ubicado en la intersección de Juncal y Av. Presidente Manuel Quintana, punto conocido como las cinco esquinas de Recoleta, se encuentra Amayta, una confitería -o patisserie para hablar en términos contemporáneos- ubicada en un edificio histórico destacado como patrimonio de la Ciudad.

      Luego de una planificación de un año y dos meses y veintitrés meses de refacción, siempre cuidando la estética y conservando los detalles que hacen de este local, abrió sus puertas Amayta la última semana de noviembre de 2023. La tarea no fue fácil ya que habían pasado grandes empresas por el coqueto edificio de cuatro pisos y no siempre se había cuidado la estructura original.

      La propuesta gastronómica va de la mano de la elegancia del edificio de 1906. Alta pastelería en un ambiente relajado, tranquilo, con música suave que acompaña. También brillan los laminados, totalmente artesanales y los almuerzos. El grupo de empresarios que está al mando sigue invirtiendo y sacando todo el potencial que tiene esa esquina luminosa: en breve inaugurarán cenas, una cava, y ya se está gestando un rooftop que prometen, dará que hablar.

      La historia de Amayta

      Cuatro empresarios de diferentes rubros se unieron en búsqueda de la máxima excelencia. Fue así que Gustavo Corral, uno de los socios que se dedica hace veinte años a la construcción de edificios en la Ciudad de Buenos Aires, dio con el edificio sito en Juncal 1207, Recoleta. El mismo fue obra del arquitecto Luis A. Broggi para su propia residencia, considerada una de las joyas arquitectónicas del barrio.

      Para interiorizarse en la historia del inmueble Corral se contactó con el historiador Daniel Balmaceda. “Nos dijo que ésta obra tuvo varios premios destacando el primer premio del Concurso Municipal de fachadas en 1914. “, señala Corral y continúa: “Como curiosidad nos contó que el terreno había sido parte de la familia Belgrano, cuando esto obviamente eran los primeros lotes de la Ciudad”.

      La coqueta fachada de Amayta.
Foto Guillermo Rodriguez AdamiLa coqueta fachada de Amayta. Foto Guillermo Rodriguez Adami

      Otra particularidad que descubrieron ahondando en tiempos pasados es que la orientación del edificio es hacia la salida del sol, por eso está como corrido de eje. “Es un edificio único, en un lugar muy importante de la Ciudad”, destaca con orgullo Corral señalando que fue reconocido por su valor patrimonial y tiene todas las restricciones que puedan existir respecto de no poder alterar la fachada.

      La renovación incluyó un restaurado total de los mármoles de ónix, se buscaron colores pasteles que acompañen la elegancia y el glamour de cada piso. Las escaleras de roble fueron recuperadas por un ebanista español. Las enormes arañas francesas que iluminan los salones, son piezas art nouveau, de bronce cinceladas y ornamentadas con esferas de cristal.

      Alejandro, el alma mater de Amayta
Foto: Guillermo Rodriguez AdamiAlejandro, el alma mater de Amayta Foto: Guillermo Rodriguez Adami

      El nombre elegido es en honor a los ancestros vascos de tres de los socios. Ama significa mamá y Ta, papá. A todos les pareció muy representativo y original: Mamá y Papá. Corral, con sangre gallega lo aceptó con gusto pero decidió hacer su propio homenaje familiar en el baño.

      Un lugar digno de ver y recorrer. “El baño es la Torre de Hércules, patrimonio histórico de la humanidad, el faro más viejo hecho por los romanos en el mundo, y está en Galicia donde está mi familia”, explica Corral con emoción.

      El faro de Amayta.
Foto Guillermo Rodriguez AdamiEl faro de Amayta. Foto Guillermo Rodriguez Adami

      Aparte de sentirse en la base de un faro, también se pueden ver en una antigua vitrina objetos vintage y fotos antiguas de la familia española. “Quisimos mostrar a la gente que venía en barco del viejo continente en busca de armar acá su América a través de los sabores, los olores, las comidas…”, dice con añoranza.

      Cada uno de los socios pone día a día su granito de arena para lograr que Amayta siga creciendo y para que siempre conserve esa concordancia entre la elegancia, la cordialidad y la calidad culinaria.

      Cómo es Amayta, la pastelería de Recoleta

      Planta baja, el sector más moderno de Amayta.
Foto Guillermo Rodriguez AdamiPlanta baja, el sector más moderno de Amayta. Foto Guillermo Rodriguez Adami

      El salón de la planta baja es el más moderno, no por ello menos elegante. Con color azul predominante, cómodos sillones y líneas curvas hace recordar a los salones de té de los barcos. Los camareros también están acordes al refinamiento del lugar, vestidos con camisa y con buen trato hacia los comensales.

      Subiendo por la robusta escalera de roble se llega a los salones del primer piso. Todos, luminosos y amplios. Cortinas de pana de techo a piso, ventanales enormes que vislumbran la terraza, ubicación ideal para ver la caída del sol o sentir la brisa de los árboles cuando llegue el otoño.

      El mármol, el piso de pinotea, los colores claros de las paredes y el dorado de la decoración transportan a los comensales a un lugar tranquilo, donde se puede tomar un café, leer un libro o disfrutar de una merienda en absoluta tranquilidad con suave música funcional.

      El salón del primer piso de Amayta.
Foto: Guillermo Rodriguez Adami.El salón del primer piso de Amayta. Foto: Guillermo Rodriguez Adami.

      Los salones, que están conectados se llaman Reencuentro y Tesoros. Al ladito está Orígenes, donde funcionará en unos meses, una cava con una mesa para seis u ocho comensales.

      La capacidad total es de ochenta lugares, y aunque es muy amplio para ser una pastelería, ya hay momentos en los que la gente se agolpa en la entrada a la espera de un sitio.

      Qué comer en Amayta

      La pastelería es claramente el corazón de Amayta. Las vitrinas muestran mini gateaux, scones, cookies, madalenas, medialunas y laminados que se llevan todas las miradas.

      Las mini gateaux tienen todas las texturas posibles: una experiencia en cada cucharada. Foto: Guillermo Rodríguez AdamiLas mini gateaux tienen todas las texturas posibles: una experiencia en cada cucharada. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

      Entre los nuevos habitués en busca de delicias dulces se puede ver al reconocido chef patissier Osvaldo Gross. Y no es solo porque es vecino de la zona, sino que Alejandro Beyeye, chef ejecutivo y socio, es su discípulo y lleva sus productos al más alto nivel.

      Lo que ofrecen es “pastelería de autor”, indica Beyeye ya que la propuesta incluye lo mejor de la pastelería de cada país como macarrones ($ 1.100) y mini gateaux (franceses, $ 4.100), scones (ingleses, con dulce y mermelada, $ 2.100), medialunas estilo argentinas ($ 800) y algunas delicias españolas e italianas, por supuesto.

      La estrella de la vitrina: el domo de peras. Foto Guillermo Rodriguez AdamiLa estrella de la vitrina: el domo de peras. Foto Guillermo Rodriguez Adami

      Las vedette son las mini gateaux, destacando al de peras, llamado Domo de peras, que es una crema de vainilla con un centro de peras caramelizadas, un toffee en la base con una masa de almendras. “Siempre trato de que cada mini gateaux tenga esa conjunción de texturas y que tenga también algo dulce, algo ácido, algo crocante… Que no resulte empalagoso ni aburrido”, explica el chef patissier demostrando la pasión con la que él y su equipo de trabajo los elaboran.

      Todas las opciones son bienvenidas para las meriendas. Foto Guillermo Rodriguez AdamiTodas las opciones son bienvenidas para las meriendas. Foto Guillermo Rodriguez Adami

      La cocina está equipada con hornos españoles, italianos y una laminadora suiza para que la troupe pastelera pueda elaborar la mejor pastelería.

      También hay cookies de chocolate y naranja ($ 1.800), cookie vegana ($ 1.800), alfajor de dulce de leche ($ 1.800) y brownie ($ 2.200), entre otras opciones.

      A toda hora se puede pedir el clásico avocado toast. Foto: Guillermo Rodriguez AdamiA toda hora se puede pedir el clásico avocado toast. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

      La carta muestra una sección “a toda hora”, donde no falta el avocado toast o salmón toast ($ 10.300), croque madame ($ 5.600), porción de tostadas con dulce y queso ($ 2.600) y yogur con granola ($ 4.900)

      Varios estilos de café (desde $ 1.700) con salsas artesanales, tés de especialidad ($ 2.500), exprimidos, limonadas ($ 2.300), licuados ($ 2.600).

      Para los almuerzos, de 12 a 15, wraps (desde $ 11.000), ensaladas (desde $ 8.500), sándwichs (desde $ 7.800), tartas (desde $ 5.200) y pastas ($ 7.800), pescado ($ 10.400) o milanesa con macarrones con queso ($ 10.400).

      Macarons para comer in situ o para llevar. Foto: Guillermo Rodriguez AdamiMacarons para comer in situ o para llevar. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

      Quienes quieran llevarse las dulzuras de Amayta pueden hacerlo en el take away, con entrada por Juncal. Allí se pueden comprar las mismas tortas y productos dulces del local principal. A la oferta se suman pan de molde, zeppelin y otros productos de panadería.

      Amayta. Abre de lunes a sábados, de 8 a 20. Feriados de 10 a 18. Take Away, de 10 a 18. Juncal 1207, CABA. Instagram: @amayta.patisserie


      Sobre la firma

      Gimena Pepe Arias
      Gimena Pepe Arias

      Redactora de la sección Gourmet y cocinera profesional. gparias@clarin.com

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