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      La tristeza del verdadero Guille, un hijo para Quino y el hermano que eligió para Mafalda

      El sobrino del artista fue la inspiración del personaje. Cuenta historias íntimas y el inquietante final de una denuncia policial en los años 70, que el autor convirtió en viñetas.

      La tristeza del verdadero Guille, un hijo para Quino y el hermano que eligió para MafaldaGuillermo Lavado, su hijo y Quino, en un cumpleaños del artista en 2012. / Delfo Rodríguez

      Guille es músico y vive en Chile. Todos los personajes de Quino tienen su impronta y características de personas de su entorno. Pero Guille, el hermanito de Mafalda, fue un homenaje al menor de sus sobrinos. El único de sus herederos que siguió una carrera artística. El “hijo postizo” de Joaquín Salvador Lavado y su esposa Alicia Colombo, y quien los acompañó en navidades y vacaciones cuando vivían en Europa.  

      “Nos pegó más fuerte de lo esperado”. Fue el primer mensaje que nos envía Guillermo Lavado (56), cuando le proponemos hablar de la muerte de Quino y todo lo que nos deja. Vive en Santiago, la capital trasandina, junto a su esposa Karina Fischer y su hijo Federico. El nene de 9 años fue mimado como un nieto por Quino y Alicia. Guille amplió su casa, construyó un departamento continuo, para que sus tíos estuvieran cómodos cada vez que iban a visitarlos. Un tío muy cercano. “Fui una especie de hijo para ellos, con lazos muy profundos”, admite.

      Guille, el hombre, es flautista. Egresó de la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Cuyo, siguió perfeccionándose en Buenos Aires y a los 22 años ganó una beca en Basilea (Suiza) donde permaneció un año trabajando. Desde 1991, integra la Orquesta Sinfónica de Santiago. ¿Por qué se instaló en Chile? “Concursé, gané el puesto y me quedé”, dice.

      Guillermo Lavado, en un ensayoGuillermo Lavado, en un ensayo

      El músico es hijo de César, el hermano mayor de Quino, que le llevaba siete años al historietista. Este hermano fue como un padre para Quino, cuando su mamá y su papá fallecieron, y quedó huérfano a los 14 años. Esa ausencia desgarradora que vivió Quino en su adolescencia fue una de las razones que esgrimió cuando le preguntaron por qué no tenía hijos. También solía decir que no estaba de acuerdo con traer chicos a “semejante mundo” que habitamos. Sin embargo, Guille describe a Quino como “eterno niño”. Le gustaba escuchar y observar a los chicos, y de ahí su enorme capacidad para tomarlos en cuenta y hacer oír su voz a través de sus personajes. Y cuenta: “Cuando últimamente lo llamaba por teléfono, me respondía con monosílabos; en cambio, podía pasar media hora charlando con Fede, mi hijo”.

      Los sobrinos mendocinos coinciden en que siempre fue un tío muy cariñoso y que la relación fue aún más importante cuando fueron volviéndose adultos. Quino y Alicia los acercaron a los grandes del cine y a la música, y por supuesto, a venerar a los Beatles.

      Guille no cree tener grandes similitudes con el hermano de Mafalda. Y sostiene que los personajes que creaba su tío tienen mucho de la personalidad de Quino. Por ejemplo, la inspiración de Felipe fue Jorge Timossi, el periodista de Prensa Latina que fue su gran amigo, pero que tenía una personalidad completamente distinta al personaje sensible del mejor amigo de Mafalda. “Creo que Felipe tiene mucho más de Quino y lo mismo pasa con Guille”, dice su sobrino.

      Guille (el personaje) y MafaldaGuille (el personaje) y Mafalda

      -¿A qué edad tomó conciencia de que se llamaba igual que el personaje de Mafalda?

      -Desde mi primera edad, cuando era chico, mis amigos lo sabían. Mi mamá me contaba que algunas cosas de Guille tenía, como llevar siempre chupete y es cierta la anécdota –reflejada en una viñeta- de “chupete on the rocks”. Tampoco me gustaba la sopa. No hablábamos mucho con Quino de por qué le puso mi nombre a su personaje, aunque cuando iba a su lado, siempre me presentaba: “Este es el Guille (con el pronombre, como hablan los mendocinos)”.

      -Los patrones se repiten en la familia. Sus hermanos (segunda generación) siguieron la carrera de los hermanos de Quino –contador y abogado- y usted es artista como su tío.

      -Así es. Soy el menor de tres hermanos varones y, como Quino, soy el único que siguió una carrera ligada al arte. Fue significativo, sobre todo, por la manera en que Alicia y Quino me acompañaron en ese proceso. Viví en Buenos Aires en su casa en ese tiempo en que me trasladé para trabajar como músico profesional, en los años 84 y 85. Y me ayudaron mucho anímicamente en mi estadía en Basilea porque ellos estaban viviendo en Milán en ese tiempo. Nos veíamos frecuentemente, conversábamos sobre la música que era un gran afición y vivíamos los tiempos de fiestas de Navidad y Año Nuevo en su casa del norte de Italia.

      Guillermo Lavado, su esposa Karina Fischer, su hijo, y Quino. / Archivo familiar.Guillermo Lavado, su esposa Karina Fischer, su hijo, y Quino. / Archivo familiar.

      -¿Cree haber sido como un hijo?

      -Podría decir que fui una especie de hijo para ellos porque esos puntos de unión que tuvimos en Buenos Aires, en Milán y lo que fueron mi cinco años en Basilea, estrechamos lazos muy profundos como familia. Su partida nos ha dejado a todos bastante abatidos, al igual que la partida de Alicia hace ya tres años.

      -¿Qué destaca de la personalidad de Quino?

      -Algo que me marcó profundamente de ambos fue esa gran pasión y dedicación ciento por ciento por el trabajo que ejercía en sus funciones con mucha pasión con mucha rigurosidad. Esa obsesión por el detalle, por la observación, por reflejar de manera brillante todo lo que esta sociedad nos muestra.

      -¿Solía aconsejarlo en su carrera?

      -No, nunca me dio muchos consejos, pero observaba su pasión por el trabajo y su meticulosidad en el ejercicio cotidiano del trabajo. Su sacrificio. Pasaba por lo menos dos noches sin dormir para terminar su página semanal o las tiras de Mafalda; y eso marca a cualquiera que está cerca del autor.

      -¿Qué anécdota de su tío lo marcó? 

      -Pasó cuando Quino estaba refugiado en mi casa de San Rafael huyendo de la represión, yo creo que fue en el año 75, 76. Dirigentes de un sindicato peronista estaban haciendo una fiesta en el tenis club de San Rafael, que quedaba a pocos metros de mi casa, con altísimos decibeles que nos impedían dormir. Entonces fuimos a la comisaría más cercana a hacer una denuncia por ruidos molestos y el único que tenía documento era Quino así que él dejó asentada la denuncia. Al rato los ruidos seguían y fuimos nuevamente al tenis club y justo llega un Falcón de estos verdes con un policía que se baja con la pistola en la mano. Al ver al denunciado, exclama: “Eh... Cacho, ¡¡qué hacés!!" Y lo abraza efusivamente. Le dice: “Che, bajá la música que los vecinos se están quejando...” Algo muy parecido a una viñeta que haría Quino años después. A los 10 minutos de retirado el Falcon, la fiesta siguió a todo trapo hasta la madrugada. Podríamos haber desaparecido todos por ese ingenuo episodio.

      La anécdota tiene otro detalle, cuentan en la familia de Quino. En la comisaría colgaba de la pared la viñeta de Mafalda que señala la cachiporra de un policía y dice: "Este es el palito de abollar ideologías". En la comisaría se exhibía como un orgullo. Y sin saber que Joaquín Salvador Lavado era el autor y estaba ahí.  

      Una viñeta inspirada en un anécdota personal de Quino, que cuenta Guillermo.Una viñeta inspirada en un anécdota personal de Quino, que cuenta Guillermo.

      -¿Debe haber sido difícil no poder visitarlo cuando su salud empeoró, ni viajar en el momento de su muerte (las fronteras con Chile están cerradas por Covid)?

      -Hice gestiones para viajar a Mendoza y cuando me explicaron lo complejo que podía ser por la cuarentena obligatoria para los que llegan de otros países, desistí. La decisión de no viajar la tomamos con mis hermanos, aunque me hubiera gustado acompañarlos en la despedida. Es un momento muy duro. Nos ha golpeado mucho (su partida) y uno necesita tiempo para digerirlo.

      Guille cuenta que Quino era agnóstico. Muchas veces, en sus últimos años de vida, hablaron sobre la muerte. En 2012 decidió dejar de dibujar porque se había quedado casi ciego por un glaucoma y debía moverse en silla de ruedas por los problemas de circulación en sus piernas. Fue cuando empezó a expresarle a su sobrino que la eutanasia era un derecho que había que otorgarle a cualquier enfermo que no puede valerse por sí mismo. Entonces le confesó que “no se animaría” a autoeliminarse. La intensidad emotiva de estas charlas demuestra la relación que unía a Quino con Guille.

      Pero el flautista no quiere arrogarse tanta importancia en la vida del gran historietista y aclara que sus dos hermanos que viven en Mendoza, Diego y Alfredo, y también sus esposas María Inés y Mimí, fueron pilares fundamentales en los últimos años de su tío. Junto a Julieta Colombo, la sobrina que vive en Buenos Aires y es representante de su obra, los sobrinos cuidaron y permitieron que Quino se sienta contenido y querido. Repleto de ese amor de familia se despidió de este mundo que, a decir de Mafalda, está igual o peor que el de viejos tiempos. 

      EV


      Sobre la firma

      Roxana Badaloni
      Roxana Badaloni

      Mendoza. Corresponsal mendoza@clarin.com

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