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Aplicar la afabilidad real en tu día a día puede cambiarte la vida por completo.

La persona afable es agradable, suave en el trato, dulce. Ejemplos: “Me dio gusto visitar al nuevo Director; es un hombre de gran afabilidad, muy agradable”; o, “¿A qué se debe tanta afabilidad de esta persona? Sospecho que quieres pedirme algo”; o “no es mala persona, pero seguro que no se caracteriza por la afabilidad”.

 

 

Sus definiciones

La afabilidad puede asociarse a la amabilidad, la cortesía, la simpatía, la sencillez, la franqueza, la cordialidad, etc.

Lo contrario a la afabilidad es la antipatía o la descortesía. En este caso, el individuo tiene un comportamiento parco, seco, duro y frío.

Sto. Tomás de Aquino dice que puede tomarse como sinónimo de amistad.

La afabilidad está en relación con la justicia, pues ambas deben permitir que cualquier individuo se comporte con el resto, de la mejor manera posible.

 

 

¿Qué pasa si llego a ser afable?

El que llega a ser afable, se siente bien con Dios, consigo mismo y los demás. Como toda virtud, la afabilidad tiene doble efecto: hace bien al afable y a las personas que le tratan. Toda persona sabia tiene que poseer el don de la afabilidad; con lo que conseguirá tener una vida muy agradable y hacer agradables a todos con los que convivan.

A la afabilidad se oponen dos vicios. El halago y la severidad exagerados.

 

¿Cómo la vivió Jesús?

Toda moneda tiene dos caras y de toda hoguera sale humo. Si un ser humano es afable, puede ser manipulable, sin carácter y criterios.

Jesús, no ya como Dios, tenía toda virtud y cualidad, en grado infinito, sin defecto alguno; sino como hombre era dulce, bondadoso y agradable; pero sin defectos.

Era una de las “señales del Mesías” en el AT (Is 53; Salmo 41; Lc 5,12; 6,17-19; 7,18-23;) Pero a la vez tenía autoridad, personalidad, firmeza y justicia propia del Mesías anunciado. (Is 42, 1-9).

Por eso la gente, lejos de tenerle recelo, lo buscaban, incluso a riesgo de las críticas de los fariseos y los enfados de los discípulos. “Les riñó con firmeza: ¡Dejen que los niños se acerquen a mí, no se lo impidan!” (Mc 10:13-16). Zaqueo, la Magdalena, el Buen ladrón son muestras de su afabilidad.

Vino a buscar a los más débiles e inmorales: los enfermos, los publicanos, las pecadoras, los rechazados por ricos o pobres: Los menos amados y amables eran sus preferidos (Mt 25,31-46). Pero amaba al pecador y al enfermo, y combatió radicalmente el pecado y la enfermedad.

Era la personificación de la afabilidad, la dulzura, la cordialidad. No sólo era afable, sino la afabilidad misma. Miraba, oía y soportaba  con cariño y afabilidad, a pesar del cansancio y sus propios sufrimientos (Mt 14,13-21).

 

 

¿Cómo has de vivirla tú?

Si quieres mejorar tu nivel de afabilidad, debes dar estos pasos: Esfuérzate por ser más cuidadoso en el trato con los demás. Una madre debe aprender a no ordenar ni mandar sin ningún tipo de razón o lógica. Un padre debe ser alguien natural y debe fomentar el que cualquiera pueda establecer una comunicación cercana y sencilla con él. Un hijo debe aprender a ser dócil y obedecer a la primera.

Inclínate a pensar, desear, decir y hacer aquello que contribuye a hacer más agradable la vida familiar. No es lo mismo convivir y tratar con una persona afable que con otra que no muestra cortesía y respeto.

Debes recibir visitas siendo atento, ofreciendo asiento, preguntando si quiere servirse algo, intentando que el visitante se sienta cómodo.

Un saludo cortés o un comentario amable pueden alegrar el día del prójimo.

Pero respeta el orden y las normas de convivencia, ya seas padre, hijo o hermano. Donde no hay justicia y respeto al hablar o callar o malos modales se dan problemas, tensiones y enfrentamientos.

Puedes pedir amablemente a tu hijo, hermano, madre o vecino que baje el volumen de la televisión sin necesidad de agresiones o violencia y sin alterar la convivencia pacífica; puedes entrar en una discusión sin sentido por tu falta de afabilidad. De callar nunca te arrepentirás, de hablar, muchas veces.

Como toda virtud, la cualidad de la afabilidad se adquiere con la repetición de actos afables.

 

 

Fuente: Semillero de la Vida.

 

 

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