Designio divino

martes, 8 de octubre de
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Dios

Dios siempre nos da lo que necesitamos en el momento justo. Sus tiempos no son los nuestros. Algo o alguien puede tardar poco o mucho tiempo en llegar a nuestras vidas. Cada quien tiene su vida ya dibujada por Dios. Sí, dicen que uno se traza su camino pero todas las cosas que nos pasan se debe a la voluntad de Dios. Lo dulce y lo amargo de la vida. Llamalo destino, karma… yo lo llamo designio divino. Alguna vez, todos hemos estado a punto de realizar algo y a último momento no se dio. ¿Por qué? Porque eso no era para nosotros, Dios tiene una idea mejor. Hay algo o alguien mejor para nosotros. ¿Cuántas veces nos encontramos con personas que creemos estarán con nosotros por mucho tiempo pero, de un momento a otro, cada quien sigue su propio camino? Temporal o permanentemente. Para bien o para mal, alguna enseñanza nos dejan. Dios nos va regalando momentos, personas… nunca cosas. Lo más valioso no es lo que tenemos sino a quienes tenemos. Saber elegir a esos quiénes es una tarea difícil. Nos equivocamos, acertamos… pero, sobre todo, aprendemos. Cada situación que nos toca es una prueba de Dios. Jamás nos coloca en encrucijadas. Los que la complicamos somos nosotros porque queremos salirnos con la nuestra y nos cuesta aceptar la realidad que, a veces, duele y hasta lastima. Como toda herida, el alma dolida cicatriza, sana y vuelve a tener esperanza. Todo eso se vive a través del corazón que siente cada sensación que experimentamos. Un corazón herido puede volverse duro, insensible, indiferente, desconfiado, distante, triste… pero todo eso se resume en miedo… miedo a creer y entregarse. Sin importar lo que suceda después, un corazón que sana vuelve a latir con alegría, con fe, con ganas de seguir palpitando vida… Dios jamás nos castiga, los que nos castigamos somos nosotros. Somos nuestros peores jueces. Él siempre está dispuesto a perdonarnos porque nos ama y porque nos ama, nos da una nueva oportunidad, solo es cuestión de dejar el orgullo y dejarse querer por Él. Y al dejarnos querer, descansamos en Él, confiando que todo lo que nos prepara, lo hace con un propósito. Preocuparnos no es nuestro trabajo, al contrario, ocuparnos es lo que debemos hacer. Esperar en Él no es en vano porque cada día nos premia con alguna bendición. Aquello que tanto queremos y que tanto le pedimos puede hacerse realidad o no. Todo será cuando Él lo disponga. Él no nos hace perder tiempo ni mucho menos juega con nuestros sentimientos, tan solo nos prepara para lo que tanto anhelamos e incluso para lo que no esperamos. Su gracia es enorme al punto de obsequiarnos con algo mucho mejor de lo que queremos porque es su premio por haber esperado su voluntad con perseverancia. Nada es imposible a los ojos de Dios. Él nos escucha y nos conduce prudentemente a nuestras metas, tomándose todos los recaudos para que el gran momento sea perfecto y, principalmente, se asegura de que seamos y estemos felices en el momento adecuado, en el lugar adecuado, con la persona adecuada.

[Escrito el 08 de agosto de 2013]

 

Cecilia Maza