Es muy probable que la polera que estás usando o la toalla colgada en tu baño sean del algodón industrial producido en distantes lugares como India, China o Estados Unidos, cuya producción ha sido muchas veces cuestionada por el elevado consumo de agua, pesticidas y fertilizantes. Sin embargo, en Latinoamérica existen plantas que ofrecen fibras albas y de colores, y que al ser cultivadas mantienen con vida las memorias ancestrales.

Se trata del algodón latinoamericano, el mismo que la Madre del Mundo, Gualchován, usó para parte de su creación, según la cosmovisión de la cultura Kogui; y que también era cultivado, propagado e intercambiado por pueblos antiguos o prehispánicos, como los incas, guaraníes, chiquitanos y chinchorros. No cabe duda de que ha ocupado un escaño especial desde entonces, pero su reemplazo por otras plantaciones agrícolas, sumado a la masificación del algodón industrial, han disminuido su otrora amplia presencia. Para reimpulsar su cultivo, es que han surgido distintas iniciativas para que vuelva a circular en Latinoamérica, como lo hacía antaño.

Cultivo de algodón en Bolivia ©Proyecto +Algodón / Joelcio Carvalho
Cultivo de algodón en Bolivia ©Proyecto +Algodón / Joelcio Carvalho

“El algodón tiene una relación directa con el desarrollo económico, social y cultural de América Latina. Son varios países los que, de hecho, tienen al algodón en su historia y en la sangre de sus generaciones pasadas”, cuenta desde Chile Adriana Gregolin, coordinadora regional de +Algodón, un proyecto conjunto entre la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y siete países socios.

El fin del proyecto es revitalizar al sector algodonero en comunidades rurales de Perú, Paraguay, Colombia, Bolivia, Ecuador, Argentina y Haití, que en su gran mayoría practican la agricultura familiar. “Hace unos 15 años que los países no podían o no direccionaban ningún recurso financiero, tecnológico, conocimientos o políticas públicas para el sector algodonero, entonces, esta cooperación promovió esta retomada del algodón en países latinoamericanos. El 85% de los productores de algodón en los países que estamos trabajando son de pequeña escala, entonces son otros modelos y niveles de producción”, añade Gregolin.

Cultivo de algodón latinoamericano en Colombia ©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray
©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray

Esto cobra especial relevancia en una época como la actual donde uno de los cultivos agrícolas más importantes del mundo necesita adaptarse ante distintas crisis sociales y ambientales, para que no solo siga siendo el sustento de millones de familias, sino que también promueva la sustentabilidad y la seguridad alimentaria.

Pero para entender a los algodones latinoamericanos, es necesario viajar al pasado.

Cultivo de algodón latinoamericano ©Proyecto +Algodón / Imanol Camblor
©Proyecto +Algodón / Imanol Camblor

Un cultivo milenario

Durante miles de años, diversos grupos humanos domesticaron plantas del algodón – que pertenecen al género Gossypium – para darles distintos usos. Así ha ocurrido con especies como Gossypium arboreum en India, Gossypium herbaceum en África, y con Gossypium hirsutum en Mesoamérica, que regala la fibra blanca que muchos conocemos.

También fue el caso de plantas de algodón nativas de Latinoamérica, como la especie Gossypium barbadense (y sus múltiples variedades), la que fue descrita por primera vez en la isla de Barbados, de ahí su nombre. Aunque su fibra es producida fuera de Latinoamérica, y denominada incluso por algunos como el “algodón egipcio”, lo cierto es que los estudios sugieren que su origen se encontraría en Sudamérica, entre el norte del Perú y sur del Ecuador.

Algodón latinoamericano en Bolivia ©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray
A©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray

De hecho, en Perú los vestigios del algodón nativo – como fibra – datan de 2.500 a 3.000 años antes de nuestra era, de épocas pre incaicas donde se desarrollaron las culturas Chavín, Nazca y Mochica. Es tal la relevancia de esta “especie bandera”, que la Ley peruana Nº 29224 la declara patrimonio genético, étnico y cultural de la nación.

Así lo explica Marité Nieves, investigadora del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), quien agrega que “en el Perú y Latinoamérica existen dos especies tetraploides cultivadas: Gossypium hirsutum y Gossypium barbadense, esta última, muy probablemente con centro de origen en el norte del Perú y sur del Ecuador, según numerosos estudios con marcadores moleculares realizados en los últimos 30 años. Estas dos especies cuentan, además, con variedades nativas que se han difundido en zonas geográficas vecinas a los centros de origen”.

Cultivo de algodón latinoamericano en Colombia ©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray
©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray

En ese sentido, el agrónomo y coordinador nacional del proyecto +Algodón Bolivia, Ronald Quispe, aclara que “agronómicamente, se hace una diferenciación con el algodón para un textil industrial, como la ropa que vestimos, que corresponde al algodón Gossypium hirsutum. Es un algodón que se puede cultivar en grandes extensiones y es el blanco que conocemos. Sin embargo, en nuestros países encontramos un algodón que es un poco diferente. Es un poco más alto, a veces arbóreo y tiene colores. Entonces, a las culturas les ha encantado esta diversidad. El procesamiento era familiar, no había la intención de hacer grandes cultivos concentrados, sino que estaban entre los sistemas productivos con alimentos”.

La diversidad a la que alude Quispe se refleja en las culturas que fueron seleccionando determinadas características de estas plantas, promoviendo el surgimiento de múltiples variedades de algodón que no solo son blancas, como los que vemos usualmente, sino también de colores marrones, verdosos y celestes. Así lo refleja la cultura guaraní – presente en países como Bolivia, Brasil y Paraguay – que desde innumerables años han seleccionado aquellas plantas que entregan fibras marrones, al ser un color muy apreciado por ellos. En cambio, el pueblo chiquitano – que vive entre el Chaco y la Amazonía boliviana – se ha enfocado en algodones con tonalidades verdosas y celestes.

Por eso el agrónomo señala que debería hablarse de los «algodones latinoamericanos», en plural.

Cultivo de algodón de color ©Proyecto +Algodón / Imanol Camblor
Algodón de color ©Proyecto +Algodón / Imanol Camblor

Pero para que esa diversidad se expresara en Latinoamérica, tuvieron que transcurrir cientos y miles de años en que los algodones fueron utilizados para la elaboración de vestimentas, mantas, cordeles, redes de pesca, y también para fines medicinales y ornamentales.

Representación de ejército inca en Museo Brüning, Perú. Miguel Vera León / Wikimedia Commons
Representación de ejército inca en Museo Brüning, Perú. Miguel Vera León / Wikimedia Commons

Esa amplia variedad de usos fomentó la diversificación y dispersión de los algodones por las costas del Pacífico y Atlántico, de la mano de civilizaciones antiguas, como los aztecas y mayas en América Central; y los incas, guaraníes, chiquitanos y chinchorros, entre tantos otros que habitaban el sur del continente.

El Imperio Inca, por ejemplo, empleaba el algodón en los obrajes y en la producción de telas y tapices. Se suman comunidades costeras como la cultura chinchorro, la cual habitó entre lo que hoy es Perú y norte de Chile. Cuando los filamentos del algodón nativo entraban en contacto con el agua, se convertían en un material más rígido. Por ello era ideal para fabricar instrumentos de pesca y recolección. En su caso, no eran tan ocupados para atuendos, aunque la fibra se destinó a cobertores públicos. De todos modos, el algodón ostentaba un valor simbólico que los acompañaba incluso después de la muerte.

Red elaborada con algodón ©FONDART 40458, colección Museo San Miguel de Azapa de la Universidad de Tarapacá
Red elaborada con algodón ©FONDART 40458, colección Museo San Miguel de Azapa de la Universidad de Tarapacá

La arqueóloga Lilian Briceño, quien lideró un proyecto Fondart para rescatar y poner en valor el algodón nativo en Arica, en el norte de Chile, cuenta que “se han identificado vestigios de algodón en las tumbas colectivas chinchorros, para las poblaciones agroalfareras se presentan en las cistas funerarias (entierros en subsuelo) y en los fardos funerarios, a modo de ofrendas de utensilios hechos de algodón, así como también vellones e hilados. En algunas tumbas agroalfareras, igualmente, fueron parte del ajuar, identificándose algunas momias con vellones de algodón adentro de sus bocas y/ o en sus manos empuñadas”.

Anzuelos, peine de espinas de cactus, sombrero y pesas líticas con algodón ©FONDART 40458, colecciones Museo San Miguel de Azapa de la Universidad de Tarapacá
Anzuelos, peine de espinas de cactus, sombrero y pesas líticas con algodón ©FONDART 40458, colecciones Museo San Miguel de Azapa de la Universidad de Tarapacá

Por si fuera poco, el algodón nativo fue vinculado con deidades, como bien relata Santiago Giraldo, director de la Fundación Pro-Sierra Nevada de Santa Marta, de Colombia. “En la Sierra Nevada de Santa Marta los algodones son aún más importantes, porque la gran deidad que da origen a todo en el pueblo kogui es la Madre Gualchován. Cuando crea el mundo, Gualchován lo hace a partir de un huso clavado con un volante, desde el cual se extienden hilos de algodón que crean el mundo hasta cierto punto. Entonces forma parte de los mitos originarios, y existen deidades que están relacionadas con el algodón, los textiles y la creación del conocimiento textil. Esto varía mucho de sociedad en sociedad”.

Luego de la colonización europea, el algodón nativo G. barbadense habría sido llevado al Mediterráneo, África e India, saliendo del continente que lo vio nacer. Pasado el tiempo, los algodones de otros continentes también comenzaron a ser producidos y vendidos en Latinoamérica, en un cruce de fronteras que persiste hasta hoy.

Las guardianas del algodón y el rescate de semillas

El algodón nativo continúa dando sustento a diversas familias en la región, siendo las agricultoras y artesanas sus principales rescatistas, cultivadoras e impulsoras.

Algodoneras en Bolivia ©Proyecto +Algodón Bolivia
Algodoneras en Bolivia ©Proyecto +Algodón Bolivia

“Yo diría que hablar de algodón en Latinoamérica es hablar de las mujeres rurales, porque ellas son las guardianas de las semillas”, asegura Gregolin. Por lo mismo, el proyecto +Algodón ha realizado varias capacitaciones a las agricultoras y artesanas del algodón. Además, se realizó un estudio sobre esta temática, considerando que las brechas de género son una realidad en el mundo rural.

Según recoge la FAO, en muchos casos las mujeres trabajan más y ganan hasta un 24% menos que los hombres a nivel mundial. La situación es similar en América Latina, donde las fincas encabezadas por agricultoras oscilan entre el 8% y el 30%. En contraste con los hombres, la mayor participación femenina se enfoca en explotaciones de menor tamaño, en tierras de menor calidad, y con menor acceso a crédito, asistencia técnica y capacitación.

Artesanías de algodón latinoamericano en Bolivia ©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray
©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray

Por ello, se busca que el algodón también contribuya al empoderamiento de las mujeres, a través del reconocimiento del valor de su trabajo, como las artesanías que mantienen con vida la memoria ancestral.

Productos elaborados con algodón nativo ©Proyecto +Algodón Bolivia
©Proyecto +Algodón Bolivia

Siguiendo una línea similar, la arqueóloga que impulsó el proyecto en el norte de Chile traspasó la información arqueológica e histórica a mujeres emprendedoras y artesanas del sector rural de Arica. Ellas “recibieron talleres de educación patrimonial y aprendieron los diversos tipos de puntos, hilados y tejidos que se desarrollaron en la prehistoria. En los talleres les enseñamos como se tejía en el pasado y ellas los replicaron. Estos talleres también fueron desarrollados con niños del internado de San Miguel de Azapa. El objetivo fue que conocieran la historia que envolvió al algodón desde la arqueología, y además, pudieran aprender cómo se tejía en el pasado”. Además, reprodujeron plantas de algodón, para luego regalarlas a la comunidad. El proceso de esta iniciativa fue registrado en este video.

Algodón nativo en Arica, Chile ©FONDART 40458, colección Museo San Miguel de Azapa de la Universidad de Tarapacá
Algodón nativo en Arica, Chile ©FONDART 40458, colección Museo San Miguel de Azapa de la Universidad de Tarapacá

Pero el rol femenino no termina allí, pues en varias localidades son ellas las que escogen y guardan las semillas de estas plantas, las cuales no han sido fáciles de hallar en algunos sitios, ante el reemplazo de los algodones por otros cultivos.

En Colombia, por ejemplo, Giraldo reconoce que “uno de los problemas más complicados para el cultivo de los algodones nativos es la ausencia de disponibilidad de semillas. Por eso nosotros hace cuatro años comenzamos a localizar plantas madre, las que teníamos en una estación de investigación acá en la Sierra Nevada de Santa Marta, para reproducirlas con mucho amor, cariño y paciencia, y lograr una cantidad suficiente de matas y semillas”.

Algodón latinoamericano en Bolivia ©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray
Bolivia ©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray

Otro caso emblemático ocurrió en Bolivia, cuya semilla nacional de algodón quedó «olvidada» por 15 años en un banco de germoplasma.

La producción algodonera comercial fue intensa en Bolivia, pero en la década de 1990 se desató una crisis en el sector. Esto condujo a algunos productores a comprar semillas de algodón transgénico de grandes corporaciones, provenientes de países como Brasil, Paraguay y Argentina. Esto era ilegal, pues en Bolivia se restringe el uso de transgénicos con la Ley 300 de la Madre Tierra. Por eso se realizó una revisión de las semillas disponibles, y se encontró en un banco de germoplasma del Centro de Investigación de Agricultura Tropical (CIAT) la semilla de una variedad nacional, producto de la cruza entre algodones americanos y africanos, que fue denominada como CCA – 348 Mandiyuti (palabra que significa “algodón blanco” en guaraní).

Mandiyuti y variedades criollas de algodón en Bolivia ©Proyecto +Algodón Bolivia
Mandiyuti y variedades criollas de Bolivia ©Proyecto +Algodón Bolivia

Entre 2001 y 2002, la variedad boliviana fue lanzada, pero ante la competencia del algodón transgénico, quedó en el olvido. Por ello, desde el año 2017 se decidió rescatar la semilla nacional desde el banco de germoplasma, como una nueva alternativa. Dispusieron de parcelas experimentales y constataron su buen rendimiento. Entre 2018 y 2019, por ejemplo, obtuvieron de 700 kg de semillas 19.400 kg de las mismas, lo que permitió sembrar 1.600 hectáreas.

“Enfrentó distintos debates, como que Bolivia estaba dando un paso atrás al recuperar esa semilla y no usar una semilla transgénica, pero resulta que esta semilla no transgénica encontró nichos de mercado y ha sido comercializada, a diferencia de la transgénica que tiene problemas globales, de precios internacionales”, puntualiza el coordinador de +Algodón Bolivia.

Algodón con tonalidades verdosas ©Proyecto +Algodón Bolivia
Algodón criollo con tonalidades verdosas ©Proyecto +Algodón Bolivia

El sacrificio del maíz y la producción sostenible

Aunque los modelos de producción varían, existen notorias diferencias entre los algodones latinoamericanos y sus homólogos de producción industrial, que suelen caracterizarse por los monocultivos, así como por su elevado consumo de agua, fertilizantes y pesticidas. En efecto, la crisis del algodón comercial que se desató hace unos 20 años, dejó a su paso muchos territorios degradados y empobrecidos.

Mientras tanto, los algodones latinoamericanos son producidos en algunos lugares de la región a través de la agroecología (como ocurre en comunidades pequeñas de Brasil) o la agricultura orgánica en sitios de Colombia y Bolivia. En los últimos países, hay plantaciones que no requieren riego, ya que estos algodones son resistentes, resilientes y adaptados a las bajas precipitaciones de los ecosistemas locales. Además, usan pocos (o nada de) insumos agrícolas. Por ejemplo, para espantar insectos se ocupan extractos de tabaco o de ajíes. Asimismo, muchos algodones son cultivados en compañía de alimentos como el maíz, calabazas, arroz de montaña, ajíes y hortalizas, los cuales también actúan como sus “protectores”.

Cultivo de algodón latinoamericano en Colombia ©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray
Cultivo en Colombia ©Proyecto +Algodón / Aurelie Duray

“Se llaman cultivos de sacrificio. Cultivas algo que es más atractivo para el insecto, entonces el insecto se va a esa planta. Nuestros cultivos están rodeados de bosque en general, entonces, eso implica que hay mayor diversidad de fauna, hay más pájaros y depredadores”, puntualiza Giraldo.

Por eso Quispe destaca que “esa es la gran diferencia con el algodón industrial. Uno es parte de un sistema productivo con alimentos, y el otro es parte de un sistema agrotextil, que no involucra alimentos. Al no involucrar alimentos, tienen permiso para usar insumos que obviamente no se admiten en un sistema de alimentos. El otro no puede incorporar glifosato, o insecticidas que tienen categorías no perecibles en 60 días, y que pueden pasar a los alimentos. Y aunque no tengamos certificación, estamos hablando de un algodón producido en condiciones de bajos insumos”.

Por otro lado, la investigadora de INIA señala que distintas instituciones en Perú están implementando innovaciones tecnológicas  y buenas prácticas “como uso de semilla de calidad, fertilización balanceada adecuada y oportuna, optimización de agua mediante el uso de riego tecnificado, incorporación de residuos de cultivos de rotación, cosecha manual, uso de variedades no transgénicas, y sobre todo en fase de campo priorizando el manejo integrado de plagas con énfasis en el control biológico (uso de insectos benéficos, organismos entomopatógenos, etc.), entre otras prácticas sostenibles que aportan en la disminución del uso de agroquímicos y reducción del número de aplicaciones en campo, preservando con ello  el medio ambiente y la salud de los agricultores y  consumidores finales de este producto textil”.

Algodón nativo en Perú ©Proyecto + Algodón
Algodón nativo en Perú ©Proyecto + Algodón

Actualmente, el algodón atraviesa diversas realidades en Latinoamérica. Por un lado, en el norte de Chile es evidente el reemplazo del algodón nativo por otros cultivos, lo que sería determinado en parte por factores geográficos. Según Briceño, “los valles de Arica donde se cultivaba el algodón, son estrechos, no permitiendo un cultivo industrial como se observa hoy en día en nuestro vecino país. Sin embargo, el algodón crece de manera casi silvestre, sin ayuda humana, y es de excelente calidad”.

Sin embargo, en otros lugares de la región, la producción de algodón autóctono promete un apogeo. No en vano países como Perú y Bolivia tienen planes nacionales para este cultivo. Para Gregolin, el sueño es que sea sostenible en términos económicos, ambientales y sociales, y que pueda posicionarse dentro de la región, como acaeció en tiempos remotos.

Cultivo de algodón ©Proyecto +Algodón / Max Toranzos
©Proyecto +Algodón / Max Toranzos

“Sabemos que India, China y Estados Unidos traen algodón a Latinoamérica. Sin embargo, una de las estrategias es apoyar a los gremios para fortalecerse entre ellos y crear estrategias intrarregionales. Una de nuestras líneas de trabajo es que vuelva el mercado intrarregional, es decir, dentro de los países de la región, y que se valorice el producto nacional. La pandemia nos hizo reflexionar más sobre la necesidad de fortalecer los productos nacionales y regionales. Las personas cada día demandan más productos certificados, diferenciados y sustentables, y Latinoamérica tiene mucho que ofrecer”, remata.

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