Los dones del Espíritu Santo:

  1. Sabiduría

Actuar como lo haría Dios a veces no es fácil. Supone la voluntad de vivir como su hijo Jesús vivió y ser testigos de él en medio de los demás. Un testimonio que deriva de un continuo encuentro de amor con Dios.

2. Inteligencia

La capacidad de profundizar en la propia vida, en la de los demás o en el significado de lo que nos rodea no es tarea fácil. Se trata de pasar de hacer un análisis superficial a ahondar en la verdad y en el significado profundo de los acontecimientos.

3. Consejo

Hay hermanos de la comunidad que poseen una intuición sobrenatural para tomar opciones que responden al plan de Dios. La voz de los demás iluminan nuestro camino.

4. Fortaleza

Las dificultades forman parte de la vida de todas las personas y grupos. El Espíritu Santo nos da confianza para afrontarlas con serenidad. En nuestra vida cotidiana sentimos la fuerza de Dios para vivir con valentía.

5. Ciencia

Mirar la realidad que nos rodea con ojos de creyentes nos ayuda a descubrir a Dios en todas las cosas creadas por Él. Dios nos llama a preocuparnos por su creación.

6. Piedad

Este don nos hace vivir en unión constante con Dios como Padre. Esta unidad con Él se manifiesta también en la búsqueda constante de la comunión entre todas las personas, como hermanos.

7. Temos de Dios

El temor de Dios nos hace tomar conciencia de nuestra pequeñez ante Dios, sin el cual no podemos hacer nada. Todo proviene de Él y de la fuerza de su gracia. De nosotros depende abandonarnos en sus manos y abandonar el pecado.

Los frutos del Espíritu Santo

Amor: Amar es decidir la entrega a los demás, por encima de los placeres personales. Supone dar a los demás el amor que Dios nos dona a través de su Espíritu.

Gozo: El interior del ser humano rebosa cuando está lleno del amor de Dios. Una alegría que no se apaga en medio de las dificultades, sino que es punto de apoyo para emprender el camino a la felicidad.

Paz: Perfeccionar el gozo es sentir la tranquilidad de tener siempre a Dios de nuestro lado, estar rodeado de su gracia.

Paciencia: La capacidad del ser humano para mantener el ánimo en tiempos difíciles brota de un corazón que confía plenamente en que Dios nunca lo abandona.

Perseverancia: Tener la convicción de que Dios en su providencia acompaña cada uno de nuestros pasos nos hace continuar con coraje la misión que nos encomienda.

Benignidad: La amabilidad y la acogida sin condición nacen de aquel que se siente amado y perdonado infinitamente por Dios.

Bondad: La entrega total a los más necesitados surge de un alma caritativa que quiere imitar a Jesús, que pasó haciendo el bien a todos, especialmente a los más pobres.

Mansedumbre: La ternura y la dulzura convierten el corazón que guarda ira o envidia en su interior, capacitándolo para vivir con humildad y tranquilidad.

Fidelidad: Mantenerse firmes en la fe supone abandonarse en los brazos de Dios buscando siempre realizar su voluntad y proclamar su reino a todos.

Modestia: La discreción y el decoro perecen aaquellos que conocen cuáles son los límites de la vida y que quieren vivir una vida centrada, evitando los excesos.

Continencia: La ternura y la dulzura convierten al corazón que guarda ira o envidia en su interior, capacitándolo para vivir con humildad y tranquilidad.

Castidad: Mantenerse firmes en la fe supone abandonarse en los brazos de Dios buscando siempre realizar su voluntad y proclamar su reino a todos.

ORACIONES AL ESPÍRITU SANTO

  1. Invocación al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu y todo será creado.

Y renueva la faz de la tierra.

Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz de tu Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones, para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

2. Secuencia del Espíritu Santo

Ven Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo,
Padre amoroso del pobre;
don en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si Tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus Siete Dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

3. Credo de los apóstoles

Creo en Dios Padre, Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo,
Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso. Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

4. Credo niceno-constantinopolitano

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo, con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

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