domingo, 26 de junio de 2022

 AGAVILLAR






. Hacer gavillas de las mieses para luego convertirlas en haces que se ataban con los vencejos, hechos de la misma mies.

En Cereceda el oficio de agavillar lo hacíamos los niños desde que podíamos movernos con las albarcas por las tierras de rastrojos porque siempre íbamos detrás del segador o de los segadores.

Nosotros íbamos agavillando, nuestras madres los convertían en haces y los ataban con " centenas " si las había entre el trigo, o con vencejos, hechos de bálago de trigo.

Yo siempre fuí muy mal rapaz y en mi casa era mi madre quien " ataba " porque mis haces se soltaban a la hora de dar los haces con el horquín de hierro a lo alto del carro.

Yo siempre decía que mis " atados " tenían la ventaja de que no hacía falta cortar los vencejos con la hoz a la hora de " esparramar " la parva para trillar.

Nosotros atábamos las gavillas, convertidas en haces, con las espigas todas para el mismo lado. En algunas zonas de Castilla se cruzaban las gavillas.

Luego nos encargábamos de construir hacinas en las tierras para proteger las espigas porque desde la siega hasta la acarrea podían llegar las tormentas.





Por último, nos encargábamos de recoger las espigas que habían quedado en los vados y los cerros de los surcos. Éramos espigadores o espigadoras.


Fotos  Google.com

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